11 de septiembre: la memoria también es queer

La memoria queer en Chile también forma parte del 11 de septiembre. Antes, durante y después de la dictadura, personas LGBTQ+ vivieron criminalización, persecución, resistencia y organización. Recordar esa historia permite entender cuánto costó conquistar derechos que hoy no deben darse por garantizados.
Memoria queer en Chile: las personas LGBTQ+ no aparecieron con la democracia. Estaban antes de 1973, vivieron la dictadura, resistieron y siguieron peleando derechos después de 1990.
¿Qué pasó con las personas LGBTQ+ en Chile antes, durante y después de la dictadura? La homosexualidad masculina ya estaba criminalizada antes del golpe de Estado y existían prácticas de persecución y marginalización. Durante la dictadura continuaron vigentes esas herramientas legales y existen testimonios documentados de hostigamiento, represión y clandestinidad. Pero también hubo resistencia: organización lésbica, protesta, espacios culturales y activismo. Con el retorno de la democracia, la igualdad tampoco llegó de inmediato: la sodomía consentida entre hombres adultos dejó de ser delito recién en 1999.
Este viernes 11 de septiembre, desde las 16:30 horas, Nos Tomamos la Voz abre su programa con una conversación especial sobre las historias LGBTQ+ que también forman parte de la memoria democrática de Chile.
Memoria queer en Chile: la homofobia no comenzó el 11 de septiembre
Para contar esta historia con rigor hay que comenzar con una precisión fundamental: la dictadura no creó la homofobia chilena.
Mucho antes de 1973, homosexuales y otras disidencias sexuales ya convivían con criminalización, medicalización, ridiculización pública y control policial.
El Código Penal chileno de 1875 tipificó la sodomía como delito. Décadas después, en 1954, la llamada Ley de Estados Antisociales incorporó las prácticas homosexuales dentro de una lógica estatal de control y estigmatización.
Por eso no es preciso decir simplemente que “ser gay era delito”. Lo que existía era una criminalización concreta de la sodomía entre hombres, acompañada de otras formas de vigilancia, marginación y persecución social.
Esta distinción no disminuye la gravedad de lo que ocurriría después.
Al contrario: permite entender qué sucede cuando una sociedad que ya discrimina entra en un régimen autoritario, desaparecen libertades democráticas y aumenta el poder de los aparatos de control del Estado.
El 22 de abril de 1973: antes del golpe ya estábamos protestando
Cinco meses antes del golpe de Estado, un grupo de jóvenes homosexuales se reunió en la Plaza de Armas de Santiago para denunciar el acoso policial y exigir derechos civiles.
Ocurrió el 22 de abril de 1973 y hoy es recordada como la primera protesta homosexual documentada de Chile.
Nuestra historia política no comenzó después de Pinochet. Antes del golpe ya había personas poniendo el cuerpo para exigir que la policía dejara de perseguirlas.
La reacción pública también permite entender el clima de la época.
La prensa cubrió aquella manifestación con expresiones abiertamente discriminatorias y peyorativas.
Es decir, incluso antes de la dictadura ya existía una batalla por algo tan básico como poder aparecer públicamente sin ser presentado como una amenaza, una enfermedad o una caricatura.
¿Qué cambió para las personas LGBTQ+ durante la dictadura?
Aquí también es necesario evitar las simplificaciones.
La evidencia disponible no obliga a afirmar que existió una única política estatal, uniforme y explícita, diseñada exclusivamente para perseguir a toda persona LGBTQ+.
Pero tampoco puede ignorarse que la dictadura operó sobre una sociedad donde la homosexualidad masculina continuaba criminalizada y donde homosexuales, personas trans y travestis ya enfrentaban hostigamiento y control policial.
El Archivo Oral de Disidencias Sexo-genéricas en Dictadura del Museo de la Memoria reúne testimonios de personas LGBTIQA+ que relatan experiencias de persecución, represión, negación de sus identidades, resiliencia y resistencia durante ese período.
Las experiencias tampoco fueron iguales para todas las personas.
Clase social, territorio, identidad de género, expresión de género y nivel de visibilidad podían cambiar profundamente el riesgo que cada persona enfrentaba.
Cine Capri, 1986
Un ejemplo documentado ocurrió en febrero de 1986.
La Brigada de Delitos Sexuales de la Policía de Investigaciones detuvo a alrededor de veinte personas acusadas de mantener relaciones homosexuales en el Cine Capri de Santiago.
El caso es parte de una historia más amplia de espacios clandestinos o semiprivados donde hombres homosexuales buscaban encontrarse mientras debían calcular permanentemente el riesgo de ser descubiertos.
Para una persona queer, la falta de libertad no era solamente no poder votar. También podía significar no poder amar, reunirse, mostrarse o existir sin calcular el riesgo.
Ayuquelén: resistir también fue organizarse
La memoria LGBTQ+ de la dictadura no puede construirse únicamente desde la victimización.
También hubo organización, cultura, redes, afectos y resistencia.
En 1984 nació el Colectivo Ayuquelén, integrado por lesbianas y feministas.
Memoria Chilena lo identifica como la primera organización homosexual chilena con orientación política.
Una de las experiencias que impulsó su organización fue el asesinato de Mónica Briones, lesbiana asesinada en 1984 en un hecho que se convirtió en un símbolo de la violencia lesbofóbica en Chile.
Es importante no presentar el asesinato de Mónica Briones como un crimen político estatal probado de la dictadura. Su muerte es un hito de violencia lesbofóbica y de la posterior organización lésbica chilena.
Cuando Ayuquelén apareció públicamente en la revista APSI en 1987, sus integrantes ocultaron sus verdaderas identidades.
El temor no era abstracto: podía significar rechazo familiar, problemas laborales o exposición pública en un país donde el lesbianismo permanecía profundamente invisibilizado.
Pedro Lemebel: la democracia también tenía que aprender a incluirnos
Existe otra parte incómoda de esta historia.
Estar en contra de la dictadura no significaba automáticamente estar libre de homofobia.
Pedro Lemebel conoció esa contradicción desde dentro.
En 1986, durante una concentración política en la Estación Mapocho, leyó su histórico “Hablo por mi diferencia” frente a sectores de izquierda.
La democracia que se estaba peleando también tenía que aprender a incluir a homosexuales, lesbianas, travestis y otras disidencias.
La escena rompe una versión demasiado cómoda del pasado.
Una persona podía oponerse a la dictadura y al mismo tiempo reproducir prejuicios contra la diversidad sexual.
La lucha por democracia, por lo tanto, también debía ampliarse: no bastaba recuperar elecciones y libertades políticas si determinados cuerpos continuaban quedando fuera de esa promesa.
Las Yeguas del Apocalipsis
Hacia el final de la dictadura, Pedro Lemebel y Francisco Casas crearon Las Yeguas del Apocalipsis.
Su primera intervención registrada por Memoria Chilena ocurrió en 1988, durante la entrega del Premio Pablo Neruda al poeta Raúl Zurita.
El dúo utilizó performance, travestismo, cuerpo, provocación y contracultura para irrumpir en espacios artísticos y políticos.
Su existencia recuerda que la resistencia queer tampoco ocurrió únicamente dentro de organizaciones formales: también se construyó desde el arte, la noche, la cultura y el desafío público.
¿La democracia eliminó inmediatamente la discriminación?
No.
El regreso a la democracia en 1990 fue un cambio fundamental para Chile, pero no significó igualdad automática para las personas LGBTQ+.
El Código Penal instala una criminalización que precede en casi un siglo al golpe de Estado.
Las prácticas homosexuales son incorporadas dentro de una lógica de control social.
El 22 de abril, jóvenes homosexuales se manifiestan en Plaza de Armas.
Lesbianas y feministas construyen una de las primeras organizaciones políticas de la diversidad sexual chilena.
Detenciones por relaciones homosexuales y la lectura de “Hablo por mi diferencia” muestran dos caras del mismo período.
Lemebel y Francisco Casas llevan el cuerpo queer al centro de la provocación cultural y política.
La norma es derogada cuatro años después del retorno a la democracia.
Las relaciones sexuales consentidas entre hombres adultos dejan de estar criminalizadas.
La distancia entre 1990 y 1999 importa.
Muestra que el cambio de régimen político no borra automáticamente las leyes, los prejuicios ni las estructuras sociales heredadas.
La democracia volvió en 1990. La sodomía consentida entre hombres dejó de ser delito en 1999. Los derechos no aparecieron solos: hubo que conquistarlos.
El 11 de septiembre también tiene una memoria queer
Recordar esta historia no significa afirmar que el Chile de hoy sea equivalente a la dictadura.
Tampoco hace falta esa comparación para defender derechos.
La memoria sirve precisamente para otra cosa: entender cuánto costó avanzar y por qué determinados derechos no deberían ser tratados como concesiones temporales o lujos reversibles.
Las personas LGBTQ+ estuvieron en Chile antes, durante y después del 11 de septiembre de 1973.
Fueron criminalizadas. Fueron invisibilizadas. Algunas fueron perseguidas. Otras construyeron redes. Se organizaron. Crearon espacios culturales. Desafiaron a la policía, a la dictadura, al conservadurismo e incluso a sectores de la propia oposición democrática.
No estamos pidiendo una memoria aparte. Estamos diciendo que homosexuales, lesbianas, personas trans, travestis y otras disidencias también forman parte de la memoria de Chile.
Cuando Chile diga “Nunca Más”, ese nunca más también debe incluirnos
El lenguaje de los derechos humanos pierde sentido si solo reconoce algunas formas de persecución y deja otras fuera del relato.
Incorporar la memoria queer no compite con otras memorias.
Las completa.
Permite ver cómo una misma dictadura podía afectar de maneras distintas dependiendo del género, la clase, la orientación sexual, la identidad o la forma en que una persona habitaba públicamente su cuerpo.
Si este país dice “Nunca Más”, ese Nunca Más también tiene que incluir nuestros cuerpos, nuestras historias y nuestros derechos.
Fuentes y memoria histórica
- Memoria Chilena · Discursos sobre la homosexualidad en Chile 1875-1999
- Memoria Chilena · Protesta homosexual del 22 de abril de 1973
- Memoria Chilena · Colectivo Ayuquelén
- Memoria Chilena · Pedro Lemebel y “Hablo por mi diferencia”
- Memoria Chilena · Las Yeguas del Apocalipsis
- Museo de la Memoria · Archivo Oral de Disidencias Sexo-genéricas en Dictadura
Preguntas frecuentes sobre memoria queer en Chile
¿La persecución a homosexuales en Chile comenzó con la dictadura?
No. La sodomía fue tipificada como delito en 1875 y antes de 1973 ya existían criminalización, medicalización, marginalización y hostigamiento policial contra personas homosexuales. La dictadura operó sobre ese contexto previo dentro de un régimen sin libertades democráticas.
¿Hubo una protesta homosexual antes del golpe de Estado?
Sí. El 22 de abril de 1973, un grupo de jóvenes homosexuales se manifestó en la Plaza de Armas de Santiago denunciando acoso policial y exigiendo derechos civiles. Es recordada como la primera protesta homosexual documentada de Chile.
¿Qué pasó con las personas LGBTQ+ durante la dictadura?
Existen testimonios y registros históricos de persecución, represión, clandestinidad, marginalización y negación de identidades. Las experiencias variaron según factores como clase social, género, territorio y nivel de visibilidad.
¿Qué fue el Colectivo Ayuquelén?
Fue una agrupación de lesbianas y feministas creada en 1984. Memoria Chilena la identifica como la primera organización homosexual chilena con orientación política.
¿Quién fue Pedro Lemebel en esta historia?
Pedro Lemebel fue escritor, cronista y performer. En 1986 leyó “Hablo por mi diferencia” frente a sectores de izquierda, cuestionando también la homofobia existente dentro de espacios que luchaban contra la dictadura.
¿Cuándo dejó de ser delito la sodomía en Chile?
La modificación legal que despenalizó las relaciones sexuales consentidas entre hombres adultos fue aprobada en 1999, nueve años después del retorno a la democracia.
¿Por qué hablar de memoria queer cada 11 de septiembre?
Porque las personas LGBTQ+ también vivieron los procesos políticos, sociales y represivos de la historia chilena. Incorporar sus experiencias permite construir una memoria más completa del país.
Nuestra memoria también es memoria de Chile
No aparecimos después para pedir un espacio prestado en la democracia. Estuvimos antes, durante y después. Sobrevivimos, resistimos, creamos cultura, nos organizamos y ampliamos la idea de quién tenía derecho a vivir en libertad.





