Tras la Marcha del Orgullo en Santiago, dos columnas de la comunidad se cruzaron en la Alameda. Más que una pelea, dejó una pregunta urgente: qué orgullo estamos construyendo.
La foto que dejó el 27J
El sábado 27 de junio, Santiago volvió a llenar la Alameda con más de 100 mil personas caminando por el Orgullo. Pero este año la imagen no fue solo de banderas, música y carrozas: también fue la de dos columnas avanzando en sentidos opuestos y encontrándose a la altura del metro Universidad de Chile, con empujones, tensión e insultos de por medio.
Antes de reducirlo a una lectura fácil, hay que decirlo claro: no fue “la derecha contra el orgullo”. Las dos columnas eran parte de la comunidad. La tensión no fue entre quienes apoyan y quienes rechazan la diversidad, sino entre dos formas de entender qué significa hoy salir a la calle en torno al 28J.
La marcha oficial: derechos, memoria y alerta frente al retroceso
Por un lado estaba la marcha convocada por MOVILH y Fundación Iguales, la ruta tradicional que parte en Plaza Baquedano y baja por la Alameda hacia Los Héroes. Encabezada por adultos mayores de Años Rosados, con Rolando Jiménez y María José Cumplido entre sus vocerías, la convocatoria puso sobre la mesa demandas concretas: reforma a la Ley Zamudio, sanciones a los discursos de odio y freno a los retrocesos.
Los datos que acompañaron esa convocatoria no son menores: un alza de 27,1% en denuncias por discriminación en un año, con 3.620 casos, la cifra más alta desde que existe registro. En otras palabras, el argumento de fondo no es solo simbólico. La violencia sube mientras parte del relato público insiste en que “ya se ganó todo”.
- Derechos conquistados: que no pueden darse por garantizados.
- Reformas pendientes: especialmente frente a discriminación y discursos de odio.
- Memoria histórica: una marcha que no nace de la comodidad, sino de décadas de lucha.
La contramarcha: una crítica desde adentro
Por el otro lado, el Bloque de Acción Disidente armó su propia columna, saliendo también a las 14:00 desde Los Héroes, pero en sentido contrario. Su crítica no apuntó a la existencia de la marcha ni a la comunidad: apuntó a la forma que ha tomado parte de la conmemoración.
El eje de esa crítica fue claro: pinkwashing, mercantilización y vaciamiento político. En simple, la pregunta de fondo fue si el Orgullo sigue siendo una demanda incómoda o si corre el riesgo de convertirse en una vitrina de auspicios, marcas y estética sin exigencia real.
Por qué esto no es una anécdota
Desde PRIDEtv venimos dando esta conversación hace rato. No solo en la calle, también en los medios, en la industria, en las marcas, en la televisión y en la forma en que se cubre el Mes del Orgullo. La pregunta se repite: ¿el orgullo es una celebración con logo pegado al arcoíris por un mes, o es una demanda política que todavía incomoda?
Lo que se vio en la Alameda dialoga directamente con debates como el pink-hushing, el retiro corporativo del orgullo y la tensión entre visibilidad, mercado y activismo. Cuando una causa se vuelve rentable, aparece dentro del propio movimiento una pregunta inevitable: quién se beneficia, quién queda fuera y quién sigue poniendo el cuerpo.
Una comunidad que discute no está débil: está viva
Es tentador leer el choque entre ambas columnas como una fractura peligrosa. Pero también puede leerse de otra forma: una comunidad que discute fuerte hacia adentro no está necesariamente rota. Está viva. Está pensando. Está disputando sentido. Está preguntándose qué se hace con una marcha que ya no es pequeña, que convoca multitudes y que también atrae intereses.
Lo preocupante no es que existan voces disidentes cuestionando hacia dónde va la fiesta. Lo preocupante sería que no hubiera ninguna. Que el Orgullo dejara de incomodar por completo. Que nadie preguntara quién está arriba del escenario, quién financia, quién queda abajo, quién se representa y quién solo aparece como fondo.
- Sí, hay que marchar por reformas concretas: porque la violencia y la discriminación siguen subiendo.
- Sí, hay que cuestionar la mercantilización: porque el orgullo no puede perder su memoria política.
El rol de los medios LGBTQ+
El rol de PRIDEtv no es bajarle el perfil a esta tensión ni ponerse de árbitro entre una columna y otra. Nuestro rol es mostrarla tal como es: compleja, incómoda, legítima y profundamente política.
Porque un medio LGBTQ+ no existe solo para mostrar la postal bonita de la marcha. También existe para abrir las preguntas difíciles: qué significa marchar hoy, qué hemos ganado, qué no se devuelve, qué falta, qué se compra, qué se vende y qué parte de la comunidad sigue exigiendo que el orgullo no olvide de dónde viene.





